Cómo cultivar microorganismos: un proceso fabufantástico en el laboratorio
Concurso Gigantes de la Lengua 2025 Mención en categoría Divulgación Autores: Séptimo año ...
29 DE abril DE 2026
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29 DE abril, 2026
Concurso Gigantes de la Lengua
Categoría: Narrativa
Autora: Clara Briano de Armas (6to primaria de Colegio La Mennais)
Kate estaba anotando en su cuaderno de investigación. Siempre le habían dicho que dejara eso, que era absurdo, pero ella sentía que lo que decía era cierto. Había encontrado una carta antigua: “Es el último de su especie, mi deber es protegerlo, lo llevaré al este donde nadie pueda encontrarlo“.
Hallada en la biblioteca, se remontaba a la guerra entre dragones y humanos. En ese tiempo, la humanidad estaba dividida: los que querían dominar el mundo y los Tekas, que vivían en armonía con el planeta y veneraban a los dragones. Estos últimos lucharon a su lado y se dice que desaparecieron.
Kate no creía eso. Había encontrado más pruebas, como un dibujo posterior a la supuesta extinción de los dragones, que ilustraba un huevo en un nido, que tenía vetas como pinceladas en un lienzo, con la palabra “Tukarahli” en una esquina. Sospechaba que era una ciudad Teka. Pasó la noche estudiando hasta quedarse dormida sobre los papeles. Se despertó con el canto de los pájaros, salió al campo y se dirigió a la fragua donde era aprendiz desde pequeña. Ese día forjaría su primera espada, una katana negra con empuñadura roja, detalles dorados y dibujos de dragones. Usó un misterioso metal negro que había encontrado junto al prístino río cerca de la aldea. Sentía que vibraba como si tuviera vida, tiraba de ella no sabía a donde.
Tras varias horas practicando con su espada, se sintió mareada y cayó inconsciente. Al despertar, estaba en un bosque húmedo y cálido. Una mujer con corona de rosas y vestido blanco la guío hasta un templo cubierto de tierra y enredaderas. En su centro, un huevo dorado con vetas blancas y azules emitía vibraciones. Al tocarlo, Kate sintió vida dentro. Era igual al dibujo de la biblioteca. Todo giró y cayó inconsciente.
Despertó en el césped sobresaltada. Era medianoche y su espada brillaba. Al día siguiente, preparó su viaje para buscar el templo y el huevo. Justo cuando salía, Tsuko, su amigo curioso por sus investigaciones, le pidió acompañarla. Ella luego de debatir por un tiempo aceptó. Durante el viaje, Tsuko preguntó cómo sabrían adónde ir. Kate explicó la visión y cómo su espada la guiaba. Mientras caminaban, un sonido siniestro los alertó. Una sombra con forma de gato enorme y ojos neón los atacó. Tsuko disparaba flechas mientras Kate lo flanqueaba y lo derrotó con su espada. Al final, descansaron mirando el cielo.
Al día siguiente, continuaron el camino. La espada brillaba más y Kate cayó en otra visión donde una voz advirtió: “OTROS PELIGROS TE ESPERAN…TAL VEZ NO LOGRES PROTEGER LO QUE AMAS…”. Despertó con Tsuko preocupado a su lado. Le contó la visión y él, optimista, dijo que seguirían. Más tarde, mientras descansaban, oyeron pisadas. Un enorme dragón violáceo con alas de murciélago y una gema roja en el pecho apareció. Kate sintió su aura malvada, como si hubiera sido maldecida. El dragón lanzó fuego azul que quemaba todo.
Kate notó que la gema incrustada en su pecho estaba puesta de manera artificial. Tsuko le disparó una flecha pero falló, y el dragón se lo llevó. Ella lo siguió, corriendo con todas sus fuerzas. Al ver la gema, intentó conectar con su aura. Era oscura, pero aún no había corrompido el alma del dragón. Al llegar al templo de su visión, vio que el dragón dejaba a Tsuko en su nido. Kate, herida, trepó por la dragona y entró en su mente. Vio recuerdos oscuros, dolor, odio, pero también alegría y fragmentos incorruptos, sintió una corriente violenta que la saco de la mente de la dragona.
Ella la arrojó y Kate cayó. Casi sin fuerzas, se arrastró buscando su espada, pero no alcanzaba. Estaba por rendirse cuando alguien —Tsuko— le lanzó la espada. Con un último esfuerzo, Kate la clavó en la gema. Hubo una onda expansiva de luz. El dragón cayó…todo se tornó negro…ella escupió sangre. Cuando Kate despertó Tsuko, a salvo, (una oleada de alivio le recorrió el cuerpo) le explicó que la gema desapareció y la oscuridad se fue. El valle florecía de nuevo, y una sensación de calidez embargó el lugar.
El dragón despertó, ahora con escamas azul oscuro y doradas, cuernos blancos y ojos ambarinos. Las escamas negras se habían desprendido de su cuerpo.
Habló:
—SE LOS AGRADEZCO. ESTA OSCURIDAD ME APRESÓ POR SIGLOS DESDE LA CAÍDA DE LOS TEKAS…
Contó que fue criado por el último Teka, que fue derrotado, y un humano malvado le incrustó la gema. Conservó un fragmento de luz en su interior. Dijo que la esposa de su maestro escapó embarazada, y que Kate era su descendiente… Por eso había podido conectarse con él. La dragona agregó:
—HAS HECHO UNA CONEXIÓN CONMIGO COMO LOS ANTIGUOS TEKAS. AHORA QUE ME LIBRASTE, PUEDO ENTRAR A TUKARAHLI…
La dragona, ahora libre, mostró la ciudad de Tukarahli, oculta durante siglos. Sus arcos blancos, casas de piedra y jardines florecidos la convirtieron en un paraíso. Kate, Tsuko y la dragona caminaron hacia ella, con una nueva misión: criar a los huevos de dragón restantes…