La «magia» de los pigmentos
Concurso Gigantes de la Lengua 2025 Categoría: Divulgación Autores: 4º año de la escuela N...
29 DE abril DE 2026
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29 DE abril, 2026
Concurso Gigantes de la Lengua 2025
Mención en categoría Divulgación
Autores: Séptimo año B de Escuela Técnica de Guichón – Paysandú (7°)
¿Sabes que estás rodeado o rodeada de millones y millones de seres vivos? Sí, sí. A tu derecha, a tu izquierda, sobre ti y debajo también. ¿No los ves? Somos estudiantes de 7° año de la Escuela Técnica de Guichón, y hoy les vamos a contar sobre ellos.
Para nosotros todo esto comenzó un día común de invierno cuando la profesora nos dijo que empezaríamos a estudiar a los microorganismos, como las bacterias. El problema es que las bacterias son como unos invitados invisibles en la sala, son tan chiquititos que no se ven. Pero la profesora nos hizo un dibujo en el pizarrón y nos hizo darnos cuenta que si están solos son invisibles, pero cuando son muchísimos empiezan a verse. Entonces nos dijo que podíamos intentar hacer multiplicarse tanto a las bacterias hasta que formaran “colonias”, grupos tan grandes de microorganismos que se vuelven visibles a simple vista. ¡Y así arrancó nuestra aventura de criar bacterias”!
Lo primero fue pensar en qué necesitábamos para criar a nuestros microorganismos.
¡Todos hemos criado a un perro alguna vez! Tienes que tener un lugar donde criarlos, agua y comida por lo menos. También pensamos de dónde sacar los microorganismos. Al principio dijimos que íbamos a “tomar muestra” (más palabras científicas que dice la profesora) de bacterias de algunos objetos como carne, celular, saliva ¡hasta de excremento de animales! Y quedamos con la profe de que en la próxima clase traeríamos esos materiales para empezar. A la siguiente clase estábamos en el salón esperando a la profe. Cruzó la puerta y nos dijo
¡Chicos hoy vamos a ir al laboratorio, agarren sus cosas y vamos!
El lugar donde íbamos a criar a nuestros organismos resultó ser una “placa”,
imagínense la tapa de un frasco, pequeña, redonda, de vidrio o material plástico, con una tapa redonda más grande arriba. Muchos de nosotros no conocíamos este material que se llama “placa de Petri”.
En un vaso de Bohemia (que es tipo un vaso que tiene un pequeño pico como una tetera) pusimos 25 ml de agua. Luego usamos una balanza para ponerle exactamente 0,3g de agar-agar y 0,4 g de azúcar al agua, y una pizca (acá la exactitud se fue a pasear) de caldo de cocinar. Sí, ese mismo que se le pone al guiso, pero no nos pagan para andar patrocinando la marca. El azúcar y el caldo es para que los microorganismos puedan tener nutrientes y desarrollarse.
Posteriormente pusimos el vaso de Bohemia con todo este caldo que científicamente se llama “medio de cultivo” en la placa calefactora. ¿Qué es eso? Es un aparato eléctrico con una placa de metal que alcanza altísimas temperaturas, por encima de los 100°C. Como podíamos quemarnos muy gravemente trabajamos con muchísimo cuidado y poco a poco.
Por ejemplo, para mover el vaso de Bohemia de la placa caliente usamos una pinza de madera larguita (parecida a los palillos para colgar la ropa), y la profe nos vigilaba y nos mostraba cómo agarrar los materiales.
Mientras esperábamos a que se caliente el vaso de Bohemia, tomamos la muestra de bacterias y la frotamos en la placa de Petri. Cuando el líquido empezó a hervir y todo quedó bien disuelto vertimos el líquido en la placa de Petri y la tapamos para que no se escapen los microorganismos. Cuando el cultivo dentro de la placa de Petri se enfrió y se puso como gelatina (gracias a esa sustancia llamada agar-agar), la guardamos con la base hacia arriba y solo quedaría esperar a que las colonias de microorganismos comiencen a crecer.
Al pasar las semanas ¡Aparecieron las colonias! Para saber si eran hongos o bacterias leímos una hoja que nos dio la profe.
Los hongos filamentosos, por ejemplo, tienen un aspecto algodonoso, peludo, siendo diverso su tamaño y color. En nuestras placas habían de color verde oscuro con blanco, con negro, pequeñitos y grandes. También notamos que los hongos, aparte de ser muy grandes, su colonia crece muy rápido en comparación con las bacterias.
Después sacamos muestras de las placas para verlas al microscopio. El microscopio es un aparato que nos sirve para ver las cosas microscópicas que no vemos a simple vista. Para llevar las muestras a este aparato antes hay que ponerlas en unos vidrios llamados portaobjetos, que impiden que la muestra ensucie al microscopio.
Aquí hicimos otra cosa divertida y peligrosa. Para comprobar si una colonia estaba hecha de bacterias teníamos que calentar el portaobjetos con la muestra pasándolo por encima de un mechero de alcohol ¡Con el fuego encendido! Tuvimos que encenderlo con fósforos, usar de nuevo los palillos largos de madera para no quemarnos, y aprendimos a apagar el mechero poniéndole la tapita encima para que el fuego se acabe por falta de oxígeno.
Al final logramos muy exitosamente cultivar microorganismos de la fruta, de la carne y del celular, y el que tenía más cantidad y variedad de colonias era el celular. ¡Pero por lejos!
Muchísimos puntitos de colonias diminutas, enormes hongos de un par de centímetros con anillos verdes y negros, y hasta algo medio rojizo y anaranjado que empezaba a aparecer apenas. Lección: les recomendamos limpiar bien y a menudo el celular. Así como lavar las frutas y siempre cocer la carne también. Pero en serio limpien su celular, es un chiquero.
Ésta fue una experiencia que nos gustaría volver a repetir. A algunos compañeros la parte que más les gustó del proceso fue ver los organismos en el microscopio. Para otros lo mejor fue que cuando estaban preparando el medio de cultivo. Algunos tenían miedo del fuego y les ayudó practicar con los fósforos y aprender a usar el mechero.
Y no se preocupen si lo intentan y al principio no sale. Nosotros tuvimos errores en el camino. Hubo un equipo que olvidó ponerle nutrientes al medio de cultivo. En el caso de los compañeros que intentaron cultivar bacterias de la saliva, no lo lograron. Lo que vieron en su placa fueron unas burbujas azules que, al llevarlas al microscopio, resultaron estar vacías, no tenían células. Pero de todo se aprende y el proceso de hacerlo es lo más divertido.
Realmente les recomendamos a los estudiantes y profesores de las demás escuelas que se animen a vivir esta experiencia, ya que es muy divertida y aparte van a sentirse felices por haberlo hecho ustedes mismos.
Por último, nosotros olvidamos llevar excremento a clase para tomar muestras, pero si alguno de ustedes lo hace cuenten cómo les fue ¿Tendrá más microorganismos el excremento que nuestros celulares? ¡Al laboratorio! ¡Hay que averiguarlo!